El W‑9 nació en 1913 como parte de la Ley de Impuestos sobre la Renta, para que los pagadores pudieran obtener el Número de Identificación del Contribuyente (TIN) de quienes prestan servicios. En sus primeras décadas, el formulario era sencillo, impreso en papel y distribuido vía correo, reflejando una administración tributaria basada en procesos manuales y archivado físico. Este método requería que ambas partes conservaran copias físicas para futuras auditorías.
Durante los años 60 y 70, la creciente complejidad de la economía estadounidense obligó al Servicio de Impuestos Internos (IRS) a revisar el W‑9, incorporando instrucciones más detalladas y referencias a la normativa de información financiera. En 1986 se introdujo la casilla para indicar la clasificación del contribuyente, facilitando la diferenciación entre individuos, corporaciones y entidades exentas, lo que redujo la ambigüedad en la retención de impuestos.